Podría hacerlo morir del susto.Podría pasarle la mano por la cortadora de fiambre para que cada grito del viejo sea un canto a la justicia.Podría cantarle las cuarenta,escupirle la cara,golpearle el cuerpo hasta el hartazgo.Podría hacerle todo aquello -y más también-que había deseado durante los últimos veinte años,cuando en ocasiones los recuerdos le llegaban en forma de pesadillas y no podía seguir durmiendo,entonces se imaginaba vengándose para tranquilizar su ira contenida, su dolor,su impotencia,la de su madre,la de tantos.
Nunca hubiese pensado que la vida lo iría a sorprender de ese modo,será por eso que se quedó estupefacto cuando a esa hora de la noche en la que estaba por cerrar el almacén entró ese último cliente.
Le costó reconocer a "El gallego" sin su uniforme militar,sin su mirada acusadora, sin su sonrisa sádica, sin la puteada en la boca,sin la picana en la mano.Pero al escucharlo hablar estuvo seguro de su identidad,al parecer el tono de voz era lo único que conservaba intacto .Por lo demás era un viejo que se caía a pedazos,completamente ciego,de aspecto descuidado.
A Alberto le temblaban las piernas,no sabía bien qué decir,qué hacer.
Comenzó -sin prisa- a bajar la persiana del local.
-Espere hombre,que todavía no me fuí-dijo el gallego.
Alberto pensó un rato antes de contestar:
-Es por seguridad, ni bien termina de comprar le abro y se va.
-Está bien-respondió con seriedad el viejo.Quisiera llevar 200 de jamón cocido y un cuarto de pan, si le quedó.
Alberto encendió la cortadora de fiambre, fue ahí cuando pensó en todos los podría posibles.Podría...podría...pero en realidad no se atrevía a ver morir a nadie,ni siquiera a él.
Entonces terminó de despacharlo y subió la persiana sin decir palabra alguna .Vio alejarse ,tanteando el camino,al tipo que lo había torturado,el mismo que había asesinado a su hermano Ernesto y vaya a saber uno a cuántos otros,alguien partícipe de un sistema que fue el orgullo de coroneles,de los Vicarios Castrenses de la iglesia católica y de muchos políticos , personas y personajes de la época .Un sistema que fue premiado con la libertad para los asesinos por gobiernos democráticos que consideraban que al pasado había que ponerle un punto final.
El paso del tiempo no lo absuelve de la culpa, pensó Alberto.Y ya no quería seguir pensando.Esa noche se durmió tranquilo,abrazado a su mujer.
Días más tarde leyó en un diario que había muerto" El Gallego", la causa fue muerte natural ,un paro cardio-respiratorio-informaban.
Alberto se asomó por la ventana y miró hacia el cielo recordando a su hermano.Luego se deshizo,por las dudas,del veneno en polvo para ratas que le había puesto al jamón cocido.